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LATAM

México desmantela una mina cripto clandestina vinculada a robo de electricidad y lavado de dinero

Close-up of a golden Bitcoin coin partially buried in soil, illustrating digital currency mining concept.
Photo: https://kaboompics.com/ / Pexels

Fiscales federales mexicanos, con el respaldo de la Marina y fuerzas de seguridad del estado de Puebla, desmantelaron una operación clandestina de minería de criptomonedas en Tlaola, Puebla. En el operativo se incautaron cerca de 300 chips GPU, un transformador, unas 80 terminales de media tensión y ocho antenas de internet satelital. El procedimiento, detallado en un comunicado fechado el 6 de septiembre de 2026 y reportado por Reuters el 12 de septiembre, ahora alimenta una investigación por presunto robo de electricidad y lavado de dinero.

El hallazgo no es un hecho aislado. Se trata del cuarto sitio de minería descubierto en esa misma zona de Puebla desde comienzos de 2025, después de otras tres operaciones similares detectadas en los alrededores durante el año anterior. Ese patrón —más que el tamaño de cualquier decomiso individual— es lo que vuelve relevante el caso: apunta a un esquema recurrente y no a un montaje improvisado y aislado.

Por qué importa la cercanía con una represa hidroeléctrica

El equipo fue hallado cerca de una represa hidroeléctrica, un dato que los investigadores consideran clave. Minar criptomonedas exige electricidad barata, estable y en grandes volúmenes, y la cercanía a una represa ofrece justamente ese tipo de acceso, sea de manera legal o no. Las autoridades sospechan que la operación tomaba energía de forma ilegal, lo que explicaría tanto el transformador confiscado como la cantidad de terminales de media tensión recuperadas en el lugar: equipamiento más propio de una conexión industrial que de un montaje casero.

El analista de seguridad David Saucedo, citado en la investigación periodística, señaló que la sofisticación del equipo y de la infraestructura sugiere la participación de crimen organizado, posiblemente vinculado a operaciones de cárteles y no a operadores independientes actuando por su cuenta. También llama la atención la presencia de antenas de internet satelital: indica que los operadores buscaban conectividad independiente de la infraestructura local, que podría ser monitoreada o cortada, algo coherente con el intento de mantener la operación fuera del radar tanto de las empresas eléctricas como de los reguladores.

Minería como herramienta de lavado, no solo como negocio

El caso encaja en un patrón ya documentado y no en algo novedoso. Investigaciones de Elliptic en 2019 y de Chainalysis en 2023 ya habían descrito cómo grupos criminales usan la minería cripto no solo para generar ingresos, sino para lavar fondos ilícitos. La lógica es simple: las monedas recién minadas no tienen historial de transacciones que las vincule a un delito. Una vez minadas, entran en circulación como cripto corriente, lavando de forma efectiva el robo de electricidad, las ganancias del narcotráfico u otros fondos ilícitos que financiaron el equipo de minería en primer lugar.

Este mecanismo ya había captado la atención de las autoridades estadounidenses. En mayo de 2026, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó a una red presuntamente vinculada a Armando de Jesús Ojeda Avilés por convertir ganancias del narcotráfico en criptomonedas a nombre del Cártel de Sinaloa. Sumado a los operativos en Puebla, el patrón sugiere que organizaciones criminales mexicanas exploran distintos puntos de la cadena cripto —desde la conversión directa de ganancias hasta la infraestructura de minería— como herramientas para lavar dinero y, en este caso, potencialmente subsidiar operaciones mediante electricidad robada en lugar de compras legítimas de energía.

Vale la pena poner esto en perspectiva. Chainalysis estimó que al menos 154,000 millones de dólares ingresaron en 2025 a direcciones marcadas como ilícitas, aunque ese volumen representó menos del 1% de la actividad total de transacciones rastreadas en blockchains públicas. El caso de Puebla recuerda que el uso ilícito persiste en los márgenes, incluso cuando la abrumadora mayoría de la actividad en cadena sigue siendo legítima, una distinción que reguladores y defensores de la industria han tenido que repetir a medida que el escrutinio del sector se intensifica en todo el mundo, ya sea por fallas de seguridad detectadas en apps de billeteras o por debates de supervisión como los que atraviesa la regulación cripto en distintos países.

Qué sigue

Por ahora, el caso de Tlaola sigue bajo investigación, con fiscales mexicanos examinando tanto las denuncias de robo de electricidad como el ángulo del lavado de dinero. Hay varios frentes para seguir de cerca:

  • Si los fiscales logran vincular formalmente el equipo incautado a un cártel o red criminal específica, más allá de la valoración del analista sobre su sofisticación.
  • Si aparecen más sitios de minería en la misma región de Puebla, considerando que este ya es el cuarto descubierto desde 2025.
  • Cómo responden las empresas eléctricas y los reguladores mexicanos ante las denuncias de robo de electricidad, incluyendo si alguna infraestructura cercana a represas enfrentará nuevo monitoreo.
  • Si el caso impulsa acciones coordinadas con autoridades estadounidenses, en línea con las sanciones previas contra la red de Ojeda Avilés.

La señal más amplia para la industria cripto tiene menos que ver con la tecnología de minería en sí y más con los vacíos de supervisión en la intersección entre infraestructura energética y activos digitales. Mientras instituciones financieras legítimas avanzan cada vez más hacia servicios cripto —por ejemplo, acuerdos que permiten que bancos pequeños ofrezcan stablecoins sin construir su propia infraestructura—, casos como el de Tlaola explican por qué las agencias de aplicación de la ley siguen tratando ciertos rincones del ecosistema como un riesgo persistente de lavado, aun cuando los datos muestran que la actividad ilícita sigue siendo una fracción pequeña del uso total. Para América Latina, donde el uso de cripto crece tanto para remesas como para proteger ahorros frente a monedas locales volátiles, el episodio es un recordatorio de que la expansión de la infraestructura de minería también exige vigilancia sobre su origen energético y financiero, un debate que corre en paralelo al que enfrentan otros proyectos regulatorios de la región, como el plan bimonetario de Venezuela frente al uso cotidiano de dólares digitales.

Fuente: The Block

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Contenido informativo y educativo; no constituye asesoría financiera, de inversión, legal ni fiscal. Haz siempre tu propia investigación.

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