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VIVA, la operadora boliviana, traslada parte de sus finanzas a la red Avalanche

A tall cellular communication tower against a vivid blue sky, symbolizing modern technology.
Photo: Ulrick Trappschuh / Pexels

VIVA, una operadora de telefonía móvil que opera en Bolivia y México, se convirtió en la primera empresa de telecomunicaciones en operar sobre Iris, una red financiera construida sobre una blockchain dedicada de Avalanche (Layer 1). El movimiento le permite a VIVA liquidar transacciones y mantener parte de sus reservas operativas en USDi, una stablecoin respaldada por dólares, en lugar de depender únicamente de la moneda local. Es, en la práctica, un caso de prueba sobre si las operadoras de telecomunicaciones en mercados propensos a la inflación pueden usar la infraestructura blockchain para proteger sus márgenes.

El anuncio, realizado el 15 y 16 de septiembre de 2026, posiciona a VIVA como uno de los primeros bancos de prueba de Iris, una red diseñada específicamente para que las operadoras conecten sus sistemas de identidad, facturación y distribución con servicios financieros basados en blockchain, sin necesidad de reemplazar su infraestructura central. Iris se lanzó con un compromiso de 43 millones de dólares por parte de Balesia Group y está liderada por la directora ejecutiva Jules Miller, quien trabajó previamente en IBM Blockchain Ventures.

¿Por qué una operadora de telecomunicaciones necesita una red blockchain?

VIVA opera en Bolivia desde hace más de 25 años, lo que le da un largo historial navegando un mercado donde la volatilidad cambiaria puede erosionar los ingresos recaudados en moneda local antes de que estos sean convertidos o reinvertidos. Al liquidar transacciones en USDi y resguardar parte de sus reservas en dólares, VIVA está cubriéndose contra esa volatilidad a nivel operativo, en lugar de recurrir a maniobras de tesorería posteriores. Para cualquier lector familiarizado con la dinámica de las economías latinoamericanas —donde el tipo de cambio frente al dólar puede definir la rentabilidad real de una empresa de un mes a otro— la lógica detrás de esta jugada resulta familiar.

La presión de negocio que impulsa este experimento es contundente. Iris cita cifras de McKinsey que muestran que el tráfico global de datos móviles creció más de 50% anual entre 2012 y 2025, mientras que los ingresos por servicios de las operadoras crecieron menos de 1% anual en el mismo período. Esa brecha —un uso que se dispara mientras los ingresos se mantienen prácticamente planos— ha comprimido los márgenes de toda la industria durante más de una década, empujando a las operadoras a buscar eficiencias donde sea posible, incluso en la forma en que manejan y mueven su dinero.

VIVA ya había mostrado apetito por la innovación financiera más allá de la simple conectividad. Una superaplicación desarrollada por la compañía redujo la deserción de clientes de prepago en un 33% y aumentó el valor de vida del cliente en un 35%, según las cifras divulgadas junto con el lanzamiento de Iris. Esos números sugieren que VIVA ve en los servicios financieros y digitales, montados sobre su negocio de telecomunicaciones, una verdadera palanca de crecimiento, y no solo una medida defensiva frente a la inflación.

Qué significa la liquidación onchain para VIVA y sus pares

Las implicaciones prácticas de este cambio son más acotadas de lo que sugiere el titular, aunque siguen siendo relevantes. VIVA no está reemplazando su infraestructura central de facturación o de red: Iris está diseñada explícitamente para funcionar junto a los sistemas de telecomunicaciones existentes, conectando identidad, facturación y distribución con la liquidación basada en blockchain, en lugar de forzar una migración completa. Esa decisión de diseño refleja un patrón más amplio que se observa en otros despliegues corporativos recientes de blockchain: la surcoreana POSCO ya movió cuentas por cobrar comerciales a la cadena, y Hyundai avanza en un sistema de remesas basado en stablecoins entre sus filiales de Estados Unidos y México, usando USDT y otras stablecoins en dólares. En cada caso, empresas ya establecidas están añadiendo la liquidación blockchain como una capa adicional sobre operaciones heredadas, en lugar de empezar de cero.

Para VIVA en particular, mantener parte de sus reservas en stablecoins respaldadas por dólares podría reducir el desgaste que la conversión de divisas y la inflación local imponen sobre el balance de una operadora de telecomunicaciones. Si el modelo funciona, otras operadoras que enfrentan presiones cambiarias similares —en toda América Latina, y potencialmente en África y Asia, regiones donde Iris planea expandirse— podrían seguir un camino parecido. Eso marcaría un cambio significativo en la manera en que una industria tradicionalmente conservadora e intensiva en infraestructura administra sus finanzas.

El movimiento también llega en medio de un debate más amplio sobre el peso creciente de las stablecoins en la economía real. Los reguladores ya tomaron nota de cómo los grandes flujos de stablecoins empiezan a importar más allá de las mesas de operación cripto: el Banco de Inglaterra, por ejemplo, advirtió que las stablecoins ya mueven el mercado de deuda estadounidense, mientras que funcionarios de comercio internacional han señalado que el verdadero obstáculo para una adopción más amplia de stablecoins no es la tecnología, sino la regulación fragmentada, un punto planteado recientemente en la Organización Mundial del Comercio. Que una operadora de telecomunicaciones liquide transacciones cotidianas en una stablecoin en dólares es un dato pequeño pero concreto dentro de esa conversación más grande sobre cómo las stablecoins están pasando de ser instrumentos especulativos a herramientas operativas para empresas reales, en línea con infraestructuras institucionales como la que Circle acaba de lanzar con Arc junto a validadores como BlackRock, Visa y DTCC.

Qué observar de ahora en adelante

Varios factores determinarán si el experimento de VIVA se convierte en un modelo replicable o queda como un caso aislado. Primero, si Iris logra sumar más operadoras además de VIVA, particularmente en mercados con inestabilidad cambiaria comparable a la boliviana —una señal de que el modelo se puede generalizar y no responde solo a las circunstancias particulares de una empresa—. Segundo, cómo evoluciona con el tiempo la distribución de reservas de VIVA entre moneda local y USDi, y si la compañía llega a revelar algún impacto medible en sus márgenes o en la gestión de caja. Tercero, si Iris cumple con sus planes declarados de expandirse hacia África y Asia, regiones con sus propios desafíos de volatilidad cambiaria que podrían hacer atractivo el modelo, o exponer límites que no se ven todavía en el despliegue entre Bolivia y México. Finalmente, dado que otras jurisdicciones están endureciendo la supervisión sobre la infraestructura cripto, los reguladores de los mercados donde opera VIVA podrían eventualmente prestar más atención a cómo las telecomunicaciones usan las stablecoins para funciones de tesorería, y no solo para pagos.

Fuente: CoinDesk

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