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Regulación

OMC: no es la tecnología, son las reglas fragmentadas lo que frena a las stablecoins

Container ships moored at Terminal Burchardkai in Hamburg, Germany during evening hours.
Photo: Wolfgang Weiser / Pexels

Las stablecoins no avanzan más rápido en los pagos internacionales por falta de tecnología, sino por un mosaico de normas que no se hablan entre sí. Ese fue el mensaje directo de Juan Marchetti, director de la división de comercio de servicios e inversión de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en un discurso pronunciado el lunes en Ginebra para presentar un nuevo estudio del organismo sobre stablecoins en el comercio mundial. Según Marchetti, la fragmentación regulatoria —y no ninguna limitación técnica— es la principal barrera que impide que las stablecoins escalen como herramienta de pagos internacionales y financiamiento del comercio.

La afirmación llega en un momento en que los números cuentan dos historias contrapuestas. Por un lado, las stablecoins siguen siendo una porción diminuta de los pagos globales: apenas el 3% del volumen total de pagos internacionales. Por otro, su volumen de pagos transfronterizos creció 35 veces entre 2020 y mediados de 2024, una trayectoria que sugiere una demanda real y una madurez técnica suficiente, aunque su adopción todavía sea marginal dentro del panorama general del comercio mundial.

Un mapa regulatorio todavía lleno de vacíos

El estudio de la OMC se apoya en un informe de octubre de 2025 del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés), que analizó 28 jurisdicciones y encontró que solo 11 de ellas —cerca del 39%— habían finalizado marcos regulatorios para stablecoins. Eso deja a la mayoría de las jurisdicciones estudiadas operando sin reglas definitivas, obligando a empresas y proveedores de pagos a moverse mercado por mercado en medio de la incertidumbre, en lugar de apoyarse en un estándar global coherente.

Esta disparidad importa porque el financiamiento del comercio y los pagos transfronterizos son, por naturaleza, procesos multijurisdiccionales. Una transacción con stablecoins que traslada valor de un país a otro puede atravesar, o al menos rozar, varios regímenes regulatorios a la vez. Cuando esos regímenes no coinciden —o cuando alguno directamente carece de marco normativo— la fricción se traduce en costos, demoras e incertidumbre legal para quienes intentan usar la tecnología. Varios países ya debaten cómo construir reglas más claras, incluido Estados Unidos, donde el Senado analiza propuestas como la Clarity Act, lo que muestra que incluso las economías más grandes siguen definiendo la arquitectura legal de los activos digitales.

El informe de la OMC identifica, según se reporta, cinco puntos concretos de fricción que siguen pesando sobre el financiamiento del comercio: costo, velocidad, acceso, transparencia y limitaciones cambiarias. Es notable que estos factores son, en su mayoría, de naturaleza estructural y regulatoria, no tecnológica, lo que refuerza el argumento central de Marchetti: los rieles del blockchain no son el cuello de botella.

Lo que significa para el comercio y las economías emergentes

Si la fragmentación regulatoria es efectivamente el principal obstáculo, las implicaciones van mucho más allá del discurso de la industria cripto. Las economías en desarrollo —a menudo los mercados con más para ganar gracias a pagos transfronterizos y liquidaciones comerciales más baratas y rápidas— suelen ser también las que cuentan con menos claridad regulatoria. Esa combinación podría significar que las poblaciones que más se beneficiarían de las remesas y el financiamiento comercial basados en stablecoins sean, paradójicamente, las que enfrentan mayor incertidumbre para acceder a ellos. Para América Latina, región donde las remesas representan una porción significativa del ingreso de varios países, esta tensión entre oportunidad y falta de reglas claras no es un tema abstracto, sino una variable que puede definir qué tan rápido y barato llega el dinero desde el exterior.

Esta tensión entre oportunidad y madurez regulatoria ya se manifiesta comercialmente. Grandes empresas de pagos han avanzado con productos vinculados a stablecoins pese a que las reglas siguen sin definirse en muchos lugares. Western Union se asoció con Rain para lanzar una billetera y tarjeta con stablecoins que ya opera en 37 mercados, con planes de expandirse a más de 60 mercados antes de fin de año. Mastercard, por su parte, desarrolló su propia solución de pagos transfronterizos con stablecoins, llamada Borderless, construida sobre su marco Crypto Credential. La disposición de estas compañías a escalar pese al mosaico normativo que describe la OMC sugiere confianza en la demanda subyacente, pero también deja claro que están operando por delante de un consenso regulatorio global, no dentro de él.

Las instituciones financieras tradicionales también están encontrando su camino hacia este sector mediante modelos de asociación en lugar de construir infraestructura propia, un patrón visible en acuerdos que permiten que bancos pequeños ofrezcan servicios de stablecoins sin tener que desarrollarlos ellos mismos. Ese enfoque podría convertirse en un modelo para instituciones reacias a comprometer capital en un panorama regulatorio que, según la propia OMC, todavía está inconcluso.

Qué sigue

Los hallazgos de la OMC apuntan a un conjunto de desarrollos concretos que vale la pena seguir en los próximos meses:

  • Si más de las 28 jurisdicciones analizadas por el FSB pasan de borradores a marcos regulatorios finalizados, reduciendo la actual tasa de cumplimiento del 39%.
  • Cómo los procesos legislativos en mercados clave, incluido el debate en el Senado de Estados Unidos, moldean el estándar regulatorio internacional sobre el que empresas como Western Union y Mastercard construyen sus productos.
  • Si los planes de expansión de los proveedores de pagos, como el impulso hacia más de 60 mercados del producto Western Union-Rain, avanzan según lo previsto o chocan con fricciones regulatorias específicas de cada jurisdicción.
  • Si las preocupaciones propias del financiamiento comercial —costo, velocidad, acceso, transparencia y limitaciones cambiarias— comienzan a reducirse a medida que se finalizan más marcos normativos, o si la fragmentación sigue superando la madurez técnica y comercial.

Por ahora, el mensaje de la OMC es un replanteamiento más que una solución definitiva: la tecnología detrás de las stablecoins parece capaz de manejar mucho más volumen del que procesa actualmente. La pregunta que el organismo plantea a los responsables de las políticas públicas es si la coordinación regulatoria podrá ponerse al día con esa capacidad antes de que la brecha entre madurez técnica y claridad legal se convierta en un rasgo permanente del financiamiento del comercio global.

Fuente: Cointelegraph

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