Un trío de criptógrafos publicó una propuesta de 56 páginas para cifrar los pagos en bitcoin usando un diseño tomado prestado de Zcash, argumentando que el problema de privacidad de Bitcoin puede resolverse sin necesidad de un hard fork, un soft fork ni ningún cambio en las reglas de consenso de la red. El documento, titulado “Shielded Bitcoin”, fue publicado el jueves por Clara Shikhelman, Mikhail Komarov y Aleksei Moskvin, de la firma de criptografía [alloc] init, y llega en un momento en que el interés por las criptomonedas orientadas a la privacidad está inusualmente alto.
El momento no es casual. Los llamados “shielded pools” de Zcash —las reservas de monedas resguardadas mediante cifrado— acumulaban 4.9 millones de ZEC hasta el viernes, un 14% más que el 30 de julio, lo que equivale a cerca del 29% de todos los ZEC emitidos: un total valuado en unos 7,800 millones de dólares tras el reciente repunte del token. El volumen de transferencias resguardadas alcanzó cerca de 63,000 operaciones la semana pasada, la cifra más alta desde 2022 y la cuarta más alta jamás registrada, mientras que el volumen semanal total de transferencias superó los 23,000 millones de dólares, el mayor desde 2021. El propio ZEC acumula una ganancia de más del 2,300% en el último año, superando los 1,000 dólares a inicios de septiembre y llegando a tocar los 1,600 dólares el miércoles.
Cómo funciona el diseño
La cadena de bloques de Bitcoin es, por diseño, un libro contable público: cualquier transacción, dirección o monto es visible para quien quiera revisarlo. Zcash, en cambio, se construyó desde cero para resolver ese problema, ofreciendo tanto transacciones transparentes como “resguardadas” (shielded), que cifran al emisor, al receptor y el monto mediante pruebas de conocimiento cero: técnicas criptográficas que permiten a una red confirmar que una transacción es válida sin revelar su contenido.
Shielded Bitcoin intenta importar esa idea a Bitcoin sin pedirle al propio software de Bitcoin que cambie. Según la propuesta, los datos cifrados de transferencia seguirían publicándose en la propia cadena de bloques de Bitcoin, pero la verificación real de esos pagos privados —comprobar que las notas y las pruebas son válidas— quedaría a cargo de un software externo y separado, en lugar de los nodos de consenso de Bitcoin. En la práctica, una transferencia privada se vería, para la red base de Bitcoin, como una transacción ordinaria aunque algo más pesada; el trabajo criptográfico pesado ocurriría por fuera.
Esa diferencia de tamaño es una de las concesiones más claras de la propuesta. Los investigadores estiman que una transferencia privada ocuparía cerca de 700 bytes virtuales, frente a los 100 a 200 bytes virtuales de una transacción típica de bitcoin hoy en día. A una tasa de comisión equivalente, eso implica que las comisiones mineras de una transferencia resguardada serían aproximadamente cuatro veces más altas que las de una transacción estándar, un costo real que los usuarios deberían sopesar frente a la privacidad ganada.
Qué significa esto, y qué falta por resolver
La idea de añadirle privacidad a Bitcoin no es nueva. Zerocoin, propuesto en 2013, fue un intento anterior de sumar anonimato a las transacciones de Bitcoin. La investigación relacionada, Zerocash, nunca llegó a integrarse en Bitcoin, sino que se convirtió en la base técnica del lanzamiento de Zcash como criptomoneda independiente en 2016. Los autores de Shielded Bitcoin trabajan explícitamente del otro lado de esa bifurcación histórica: en lugar de crear una nueva cadena, buscan devolverle a Bitcoin una privacidad de nivel Zcash, apelando al mismo argumento de neutralidad del consenso que ha hecho tan polémicos a los soft forks a lo largo de la historia de Bitcoin.
Evitar cualquier cambio en las reglas de consenso es, según críticos como el cofundador de Helius, Mert Mumtaz, y la firma tenedora de ZEC Cypherpunk, también la mayor limitación de la propuesta. Tal como está planteado, Shielded Bitcoin carece de un mecanismo dentro del propio protocolo para mover BTC real hacia adentro o hacia afuera del sistema resguardado: los depósitos y retiros dependerían de una técnica llamada PIPEs, que los autores dicen que detallarán en un futuro documento, no en este. El diseño también requiere una configuración criptográfica de confianza, un paso en el que los participantes deben confiar en que ciertos parámetros secretos fueron destruidos después de generarse, y no oculta ni las comisiones ni los tiempos de las transacciones, dos elementos que todavía pueden filtrar información sobre quién transacciona con quién. Los propios autores reconocen cada uno de estos vacíos y los enumeran como trabajo futuro, no como algo listo hoy.
Nada de esto vuelve irrelevante la propuesta. Llega en paralelo a un esfuerzo similar en Ethereum, donde los desarrolladores están revisando por su cuenta una propuesta para un fondo compartido de transferencias privadas, lo que sugiere que la ingeniería de privacidad se está convirtiendo en un tema de diseño vigente en varias cadenas importantes al mismo tiempo, incluso mientras los reguladores afinan su atención en otros frentes, como puede verse en el estancamiento en el Senado de Estados Unidos que deja las reglas cripto en manos de los reguladores. Para Bitcoin en particular, la propuesta es un recordatorio de que el enfoque famosamente conservador de la red para cambiar sus propias reglas no ha detenido a los investigadores que buscan soluciones de privacidad que rodeen ese reglamento en lugar de modificarlo. Quienes sigan de cerca este tipo de debates también pueden revisar el análisis completo sobre esta propuesta de privacidad al estilo Zcash sin necesidad de un soft fork.
Para el público latinoamericano, este tipo de desarrollos importa más allá de lo técnico: en países donde bitcoin se usa para remesas o como resguardo frente a la devaluación de la moneda local, la posibilidad de transacciones más privadas —aunque todavía lejos de estar lista— plantea preguntas sobre cómo los exchanges que operan en la región y los reguladores locales terminarán tratando este tipo de herramientas si algún día llegan a implementarse.
Qué sigue
No se ha fijado una fecha de lanzamiento, y la distancia entre una especificación de 56 páginas y un software funcional que la gente realmente use sigue siendo amplia. Vale la pena estar atentos al prometido documento de seguimiento sobre PIPEs, que tendría que resolver el problema de depósitos y retiros antes de que Shielded Bitcoin pudiera manejar fondos reales; a las auditorías independientes del proceso de configuración de confianza; y a cualquier señal de que los desarrolladores de Bitcoin Core o los principales proveedores de billeteras se interesen en construir las herramientas externas de verificación de las que depende el diseño. También conviene observar si el actual repunte en la actividad de los shielded pools de Zcash resulta duradero o se desvanece una vez que pase la ola actual de atención, ya que buena parte del entusiasmo detrás de esta propuesta está ligado a ese resurgimiento más amplio del interés por la privacidad en cadena. Mientras tanto, el debate regulatorio en Estados Unidos sigue moviéndose por su propio carril, como quedó claro con la renuncia de Hester Peirce a la SEC, que deja la política cripto estadounidense en una encrucijada.
Fuente: CoinDesk
Este contenido es informativo y no constituye consejo financiero ni de inversión.




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