El Fondo Monetario Internacional confirmó que abrirá una oficina en Venezuela para monitorear la economía del país. La apertura está prevista para 2027, pero el anuncio llega en un momento revelador: cerca del 90% del mercado peer-to-peer en bolívares ya opera con USDT, la stablecoin de Tether, como referencia de facto para fijar precios y cerrar operaciones. Antes de que el organismo instale su primera oficina en territorio venezolano, buena parte de la vida económica cotidiana del país ya migró hacia un token digital atado al dólar, fuera de cualquier supervisión tradicional.
Para una institución diseñada para evaluar política monetaria, estabilidad cambiaria y cuentas fiscales, Venezuela representa un caso atípico. El papel del bolívar como unidad de cuenta de referencia no fue desplazado por otra moneda soberana, sino por una stablecoin emitida de forma privada y negociada de manera directa entre personas, mayormente al margen del sistema bancario regulado.
De la hiperinflación a la dolarización informal
El camino que llevó a este punto es conocido en la región. Años de hiperinflación, controles cambiarios estrictos y una pérdida sostenida de confianza en el bolívar empujaron a hogares y comercios a buscar alternativas para transacciones diarias y para resguardar sus ahorros. Las stablecoins, y el USDT en particular, llenaron ese vacío: atadas al dólar estadounidense y transferibles sin necesidad de una cuenta bancaria tradicional, se convirtieron en una cobertura práctica frente a una moneda local que perdía valor a un ritmo devastador.
Lo que puso esta dinámica en marcha no fue una decisión de política económica desde arriba, sino una respuesta espontánea del mercado. Las plataformas P2P, donde los usuarios intercambian divisas directamente entre sí, se convirtieron en el espacio preferido, y el USDT terminó funcionando como el punto de referencia para fijar precios de bienes, liquidar remesas y preservar el poder de compra. La cifra citada —alrededor del 90% de ese mercado P2P en bolívares— sugiere que esto no es una tendencia marginal, sino la norma operativa para una parte considerable de la población que participa en las finanzas informales.
Qué podría significar la llegada del FMI
El anuncio de esta oficina marca un posible giro en la relación institucional entre Venezuela y los organismos multilaterales, tensionada durante años. Cualquier acercamiento renovado —ya sea centrado en el monitoreo económico, la asistencia técnica o, eventualmente, un programa más amplio— tendrá que lidiar con un panorama monetario para el que las herramientas tradicionales del Fondo no fueron diseñadas.
La supervisión estándar del FMI se apoya en indicadores como el tipo de cambio oficial, las reservas internacionales, las canastas de inflación y los datos del sector bancario. Cuando una porción significativa de las transacciones de consumo ya se cotiza y se liquida en una stablecoin que circula fuera del sistema bancario formal, esas métricas capturan apenas una parte del panorama real. Los economistas, dentro y fuera del organismo, tendrán que considerar un sistema bimonetario de facto en el que la segunda moneda no es un billete extranjero, sino un token basado en blockchain atado a él.
Este fenómeno no es exclusivo de Venezuela, aunque aquí alcanza una escala inusual. En otras regiones, bancos centrales y autoridades monetarias también han tenido que enfrentar cómo los sustitutos digitales del dólar interactúan con sus propias monedas y sistemas de pago. El sistema de bancos centrales europeos, por ejemplo, ha pedido revisar las reglas de reservas de stablecoins bajo el marco MiCA, según se detalla en la nota sobre el pedido de cambiar las reglas de MiCA sobre reservas de stablecoins, mientras al mismo tiempo se prueban sistemas de liquidación tokenizados, como muestra la cobertura sobre la compra de bonos tokenizados por parte del BCE. La situación venezolana es más aguda, porque la sustitución no responde a un experimento de política pública, sino a una adopción impulsada por la necesidad de sobrevivir, ya incorporada al comercio diario.
Qué observar antes de 2027
Varias preguntas abiertas definirán cómo evoluciona esto en el próximo año. Primero, no está claro si la oficina del FMI tratará la circulación de stablecoins como un dato a medir e incorporar en sus evaluaciones, o como un fenómeno a revertir mediante recomendaciones de política orientadas a restaurar la primacía del bolívar. Segundo, la postura de las propias autoridades venezolanas frente a la dolarización cripto —ya sea que la toleren, la restrinjan o la integren formalmente— influirá de manera decisiva en lo que cualquier acercamiento del FMI pueda lograr realmente.
Tercero, el mercado más amplio de stablecoins sigue evolucionando de formas que podrían repercutir en la economía informal venezolana, con emisores y exchanges profundizando alianzas entre sí. Al mismo tiempo, el escrutinio legal y regulatorio sobre los grandes exchanges —incluidos los fiscales de Manhattan que se sumaron a la investigación del DOJ sobre presuntas violaciones de Binance a las sanciones contra Irán— es un recordatorio de que la infraestructura que sostiene esta dolarización informal no está exenta de riesgos regulatorios y de aplicación de la ley.
Para el venezolano de a pie, nada de esto cambia el cálculo que hizo atractivo al USDT desde un principio: una unidad de valor estable en una economía donde la moneda local ha fallado reiteradamente en sostener ese papel. Para los responsables de política económica y para el FMI, el desafío por delante es reconciliar la supervisión formal con una economía que, de manera informal, ya tomó su propia decisión sobre qué moneda usar. Para el resto de América Latina, el caso venezolano funciona como advertencia y como laboratorio: muestra hasta qué punto una stablecoin puede terminar sustituyendo a una moneda nacional cuando la confianza institucional se erosiona por completo.
Fuente: CriptoNoticias
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Lo que más me llama la atención es que USDT ya no solo se esté usando para mover dinero, sino también como referencia para fijar precios. Para mí, ahí es donde deja de ser solo una herramienta cripto y empieza a cumplir una función monetaria mucho más seria.
También creo que hay que poner en contexto ese 90% del mercado P2P, porque no significa que el 90% de toda la economía venezolana funcione con USDT.
Lo interesante va a ser ver cómo mide el FMI una economía donde una parte importante de las transacciones ya ocurre fuera de los canales financieros tradicionales.