Los bancos más grandes de Brasil nunca habían vendido tantas criptomonedas a sus clientes minoristas como ahora, pero ninguno de ellos conserva un solo token en su propio balance. Esa combinación —distribución entusiasta sin exposición directa— es la señal más clara de cómo el sistema financiero brasileño planea relacionarse con los activos digitales bajo un régimen regulatorio recién endurecido.
Itaú ya ofrece 15 criptoactivos a través de su aplicación de inversiones, incluidos Bitcoin, Ethereum y la stablecoin USDC. Nubank, el gigante fintech que se convirtió en uno de los bancos digitales más grandes de América Latina, lista 28. Banco do Brasil, la entidad controlada por el Estado, entró al mercado recién en enero de 2026 y ya procesó más de 11 millones de reales (2.1 millones de dólares) en transacciones de Bitcoin y Ethereum. Bradesco y Santander construyeron vitrinas cripto similares dentro de sus plataformas de corretaje. Sin embargo, los reportes del Banco Central de marzo de 2026 muestran que estas mismas instituciones no mantienen absolutamente ninguna tenencia cripto en sus propios libros contables.
Un marco regulatorio pensado para la cautela
Esta expansión ocurre en el marco del Marco Legal de Activos Virtuales de Brasil, aprobado en 2022, que le otorgó al Banco Central la autoridad formal para vigilar el sector. Esa autoridad tomó forma concreta en noviembre de 2025, cuando el regulador emitió tres resoluciones que exigen a las empresas cripto obtener licencias, mantener un capital mínimo y separar los fondos de los clientes de los activos propios de la compañía. Una de esas normas, la Resolución 521, trata las compras de stablecoins como operaciones cambiarias, sometiéndolas a las mismas obligaciones de reporte que aplican a las operaciones tradicionales con divisas.
Las empresas que operan en el país tienen plazo hasta el 30 de octubre de 2026 para cumplir. Ese plazo pesa cada vez más: actualmente operan en Brasil unas 120 empresas cripto, y la mayoría todavía no cuenta con licencia. La brecha entre el número de firmas activas y las que ya obtuvieron aprobación sugiere que los próximos meses traerán consolidación, salidas del mercado o una carrera contra el reloj para completar trámites —una dinámica similar a la que se ha visto en otras jurisdicciones, donde los reguladores han obligado a los exchanges a cumplir o marcharse, como ocurrió con las nuevas reglas de Tokio que precipitaron la salida planeada de Bitget de Japón.
Los bancos, en cambio, no custodian el cripto que venden. Actúan como distribuidores, canalizando las órdenes de sus clientes hacia socios licenciados mientras los activos permanecen fuera del perímetro de riesgo propio de la entidad. Esta postura contrasta con la que eligió Banco Safra al lanzar su propio token vinculado al dólar, Safra Dólar, en septiembre de 2025. A diferencia de sus pares, Safra mantuvo la custodia de esa stablecoin de forma interna, convirtiéndose en una excepción entre los grandes bancos brasileños: una entidad dispuesta a asumir directamente el riesgo de los activos digitales en lugar de simplemente revender productos de terceros.
Qué significa esta exposición dividida
El patrón que emerge en Brasil refleja una estrategia institucional más amplia: los bancos quieren los ingresos por comisiones y la retención de clientes que trae ofrecer trading de criptomonedas, sin absorber la volatilidad de precios, el riesgo de custodia ni los cargos de capital que implica sostener realmente esos activos. Los reguladores, por su parte, parecen cómodos con ese arreglo siempre que los intermediarios que ejecutan las operaciones cumplan con las reglas de licenciamiento, capital y segregación de fondos.
La magnitud de la demanda minorista detrás de esta expansión es más modesta de lo que sugieren las cifras totales de transacciones. Según la Receita Federal, la autoridad tributaria de Brasil, los brasileños movieron 505,500 millones de reales (98,700 millones de dólares) en transacciones cripto durante 2025, más de cinco veces el volumen registrado en 2020. Pero las transacciones corporativas representaron el 98.3% de ese total, es decir, 497,000 millones de reales (97,000 millones de dólares), mientras que los inversores individuales apenas sumaron el 1.7% del volumen. En otras palabras, el crecimiento explosivo del mercado cripto brasileño es abrumadoramente un fenómeno corporativo e institucional, aunque las aplicaciones bancarias orientadas al público minorista acaparen la atención con sus crecientes menús de activos.
Ese contexto es clave para no malinterpretar la expansión bancaria como evidencia de un boom cripto minorista. Lo que realmente ocurre es más acotado: instituciones financieras establecidas están ampliando el abanico de tokens disponibles para clientes individuales, probablemente para competir con fintechs y exchanges independientes, mientras los flujos corporativos —que probablemente incluyen gestión de tesorería, liquidaciones transfronterizas y pagos basados en stablecoins— siguen empequeñeciendo cualquier cosa que hagan los inversores minoristas.
Qué observar de aquí en adelante
Varios desarrollos determinarán si el modelo brasileño se sostiene con el tiempo:
- Si las cerca de 120 empresas cripto sin licencia logran cumplir antes del plazo del 30 de octubre de 2026, o si el mercado enfrenta una ola de cierres y consolidación.
- Cómo afecta el tratamiento de las compras de stablecoins como operaciones cambiarias, bajo la Resolución 521, a los costos de transacción y las cargas de reporte tanto para bancos como para exchanges independientes.
- Si otros bancos brasileños siguen el ejemplo de Safra emitiendo stablecoins propias con custodia interna, en lugar de limitarse a distribuir tokens de terceros —un cambio que marcaría una ruptura significativa con la actual postura de balance en cero.
- Si la abrumadora participación corporativa en el volumen de transacciones se mantiene, o si la participación minorista crece a medida que más bancos incorporan cripto en sus aplicaciones de inversión convencionales.
Por ahora, Brasil ofrece un caso de estudio sobre cómo una gran economía emergente intenta equilibrar la apertura del acceso cripto a los ahorristas comunes con la protección de su sistema bancario frente a la exposición directa. Ese equilibrio interesa especialmente a América Latina, donde episodios como el cierre del exchange chileno Orionx tras detectarse un faltante millonario en custodia han puesto en evidencia los riesgos de guardar activos digitales sin controles sólidos, o donde la reciente degradación de Circle por parte de Morgan Stanley recuerda que incluso las stablecoins más establecidas enfrentan escrutinio creciente. Es un balance que los reguladores de otras partes del mundo, lidiando con sus propias fallas de custodia y quiebras de plataformas, todavía están tratando de encontrar.
Fuente: Decrypt
Este contenido es informativo y no constituye consejo financiero ni de inversión.




Crea una cuenta gratuita para comentar y ganar rewards.
Crear cuenta Iniciar sesión