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El plan bimonetario de Venezuela ignora la moneda que la gente ya usa todos los días

Ilustración: a currency exchange counter in Caracas. Ilustración generada con IA.
Ilustración generada con IA

Un grupo de economistas venezolanos presentó el 12 de septiembre de 2026 una propuesta para formalizar un sistema bimonetario que otorgaría al dólar estadounidense un estatus oficial junto al bolívar dentro de la economía del país. Llama la atención que el plan no menciona en ningún momento el USDT, la stablecoin atada al dólar que desde hace años funciona como medio de pago de facto para millones de venezolanos que enfrentan la inestabilidad monetaria.

Esa omisión no es un detalle menor: revela una brecha cada vez más amplia entre las propuestas de política pública que se diseñan en círculos académicos e institucionales y la realidad transaccional cotidiana. Mientras los economistas discuten cómo darle reconocimiento legal a los dólares físicos que circulan en Venezuela, ciudadanos comunes y pequeños negocios ya superaron ese debate: pagan facturas, cobran salarios y resguardan sus ahorros en USDT a través de billeteras móviles e intercambios entre particulares.

Un país que improvisó su propia dolarización

El camino de Venezuela hacia una dolarización informal no comenzó con un documento de política económica. Empezó con una hiperinflación que destruyó el poder adquisitivo del bolívar y erosionó la confianza en la moneda nacional a un nivel que pocas economías han experimentado en tiempos de paz. A medida que los billetes perdían valor semana tras semana, primero los dólares físicos y después las stablecoins atadas al dólar llenaron el vacío dejado por un sistema monetario en colapso.

El USDT, emitido en varias redes blockchain y accesible desde aplicaciones de celular, ofreció algo que el dólar físico no podía dar: portabilidad, divisibilidad y una relativa facilidad para transferir valor en una economía donde el efectivo en dólares suele escasear y el acceso bancario es limitado. Para muchos venezolanos, convertir bolívares en USDT dejó de ser una apuesta especulativa por las criptomonedas y se convirtió en una cobertura práctica frente a una moneda capaz de perder porcentajes de dos dígitos de su valor en cuestión de semanas.

Este fenómeno no es exclusivo de Venezuela. En otras partes del mundo, las instituciones financieras están integrando las stablecoins a sus propios sistemas de pago en lugar de competir contra ellas, como muestra el caso de los bancos tradicionales que ya entraron a la carrera de los depósitos tokenizados y las stablecoins. Lo distintivo del caso venezolano es sobre todo la escala y la urgencia con que la población adoptó los tokens atados al dólar, no por conveniencia, sino por pura necesidad.

Lo que la propuesta bimonetaria deja afuera

Al concentrarse exclusivamente en la relación bolívar-dólar, el marco propuesto corre el riesgo de abordar una realidad monetaria que en buena medida ya fue superada por los hechos. Formalizar el bimonetarismo sin tomar en cuenta el USDT podría significar que cualquier estructura legal o regulatoria resultante no logre capturar cómo ocurre realmente una parte significativa de las transacciones diarias.

Esta brecha tiene varias implicaciones prácticas:

  • Un diseño de política pública basado en datos incompletos sobre las monedas que realmente circulan podría subestimar el nivel de dolarización informal ya alcanzado.
  • Las empresas y personas que dependen del USDT para pagar nóminas, recibir remesas o comerciar seguirían operando en una zona gris regulatoria, incluso si se formaliza el sistema bolívar-dólar.
  • Los organismos de supervisión financiera podrían tener dificultades para monitorear o gravar un volumen ya considerable de actividad denominada en stablecoins que queda fuera de cualquier marco bimonetario.
  • Cualquier intento futuro de incorporar las stablecoins a un sistema formal tendría que adaptarse a reglas pensadas originalmente sin contemplarlas.

Nada de esto es necesariamente una crítica al trabajo técnico de los economistas sobre la relación bolívar-dólar, que atiende distorsiones reales y de larga data en los mecanismos cambiarios oficiales de Venezuela. Pero sí sugiere que la conversación de política pública va por detrás de la infraestructura financiera informal que los propios venezolanos ya construyeron usando tokens atados al dólar.

Qué observar de aquí en adelante

Varios elementos indicarán si esta brecha se reduce o se amplía en los próximos meses. Habrá que ver si las versiones posteriores de la propuesta bimonetaria se revisan para incluir explícitamente el uso de stablecoins, o si surgen esfuerzos regulatorios separados para gobernar el USDT y tokens similares al margen del debate bolívar-dólar.

También vale la pena monitorear si las autoridades venezolanas emiten alguna guía formal sobre cómo deben tratarse las transacciones denominadas en USDT para fines contables, fiscales o contractuales. La ausencia de esa guía hasta ahora no ha frenado la adopción, pero sí deja tanto a personas como a empresas operando sin un respaldo legal claro.

Las prácticas de seguridad y custodia entre los usuarios comunes también merecen atención, sobre todo porque la dependencia de billeteras móviles crece en un entorno con supervisión institucional limitada. El hallazgo, en otras latitudes, de fallas de seguridad en decenas de aplicaciones de billeteras cripto para iOS es un recordatorio de que la dolarización informal a través de tokens digitales conlleva riesgos técnicos propios, además de los regulatorios. Que los responsables de la política monetaria venezolana terminen tratando al USDT como una moneda paralela digna de regulación, o que sigan dejándolo de lado en favor de un esquema exclusivamente bolívar-dólar, definirá qué tan bien refleja cualquier nueva arquitectura monetaria la economía que los venezolanos realmente viven día a día.

Fuente: CriptoNoticias

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