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Regulación

Arabia Saudita se retira en silencio del proyecto de CBDC transfronteriza mBridge, respaldado por China

Skyline of Riyadh, Saudi Arabia featuring modern skyscrapers and construction cranes at sunset.
Photo: Tayssir Kadamany / Pexels

El banco central de Arabia Saudita se retiró de mBridge, la plataforma respaldada por China para monedas digitales de banco central (CBDC) de uso transfronterizo, luego de completar una fase de prueba de concepto, según reportó el Financial Times. La salida reduce el alcance geográfico de un sistema que los responsables de política en Washington han señalado repetidamente como un canal potencial para evadir sanciones, y abre nuevas preguntas sobre hasta dónde están dispuestos a llegar los países del Golfo a la hora de alinear su infraestructura de pagos con Beijing.

Un experimento multilateral pierde un miembro

El Banco Central Saudita, conocido como SAMA, se incorporó a mBridge como participante pleno en junio de 2024, unos tres años después de que el proyecto se pusiera en marcha en 2021 bajo el Centro de Innovación del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés). mBridge fue desarrollado junto con los bancos centrales de China, Hong Kong, Tailandia y los Emiratos Árabes Unidos, con el objetivo de que los países participantes pudieran liquidar pagos transfronterizos directamente usando varias CBDC sobre un libro contable compartido, eliminando las capas de bancos corresponsales que normalmente encarecen y ralentizan las transferencias internacionales.

Según los datos reportados por el Financial Times, SAMA completó su prueba de concepto el 13 de mayo de 2025 y desde entonces abandonó el proyecto. Esa cronología ubica la salida saudita bastante después de que el propio BIS se apartara de mBridge en octubre de 2024, una vez que la plataforma alcanzó lo que la institución describió como una etapa de producto mínimo viable. En ese momento, el entonces gerente general del BIS, Agustín Carstens, negó que la salida tuviera motivaciones políticas y la describió como un traspaso natural hacia los bancos centrales fundadores, ya que el trabajo técnico de base ya estaba listo.

Con el BIS fuera y ahora también Arabia Saudita, los participantes centrales que quedan en mBridge son China, Hong Kong, Tailandia y los Emiratos Árabes Unidos, una coalición más reducida que la que existía cuando el proyecto atraía mayor atención en Washington.

Por qué Washington seguía de cerca el proyecto

La preocupación en los círculos de política estadounidenses nunca fue sutil. Un informe de 2024 de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad Estados Unidos-China advirtió explícitamente que mBridge podría dar a los países participantes una vía para eludir las sanciones de Estados Unidos, al permitirles liquidar flujos comerciales y de capital fuera del sistema de banca corresponsal basado en el dólar que Washington usa para hacerlas cumplir. Una plataforma que permite a los bancos centrales intercambiar monedas digitales de forma directa, sin pasar transacciones por intermediarios regulados por Estados Unidos, reduce la visibilidad y el poder de presión de los que dependen los regímenes de sanciones.

Por eso, la participación de Arabia Saudita siempre iba a generar un escrutinio que iba más allá de los méritos técnicos del proyecto. El reino ocupa un lugar central en los mercados petroleros globales y mantiene vínculos financieros profundos y de décadas con Estados Unidos, al mismo tiempo que ha buscado una cooperación económica más estrecha con China. Su decisión de sumarse a mBridge a mediados de 2024 fue interpretada por algunos observadores como una señal de que los países del Golfo estaban cubriendo sus apuestas sobre la futura infraestructura de pagos. Su salida menos de un año después sugiere que esas apuestas no están fijas, y que el cálculo de alinearse con un sistema de liquidación liderado por China implica costos que SAMA no estaba dispuesto a asumir a largo plazo, aunque los hechos disponibles no precisan qué motivó exactamente la decisión.

El episodio se suma a un patrón más amplio de bancos centrales y autoridades monetarias que prueban, y en ocasiones se retiran, de infraestructuras digitales transfronterizas que podrían evitar los canales tradicionales de compensación en dólares. Brasil, por ejemplo, avanzó recientemente en cerrarle la puerta a las stablecoins en la liquidación mayorista de pagos internacionales, otra señal de que los reguladores están trazando activamente los límites de qué rieles de activos digitales permitirán en corredores de pago sensibles. Mientras tanto, las instituciones europeas han tomado un rumbo distinto: el Banco Central Europeo construye su propia infraestructura de liquidación para activos tokenizados a través de su nueva plataforma Pontes, un proyecto que busca liquidar instrumentos tokenizados directamente en euros.

Qué sigue

La propia postura regulatoria de China frente a las herramientas de liquidación digital que escapan a su control directo agrega otra capa a esta historia. El Banco Popular de China ha intensificado el escrutinio sobre las stablecoins usadas en pagos transfronterizos; un funcionario del PBoC, Wang Xin, pidió en junio un monitoreo más estricto y mayor coordinación internacional, en línea con restricciones previas dirigidas a stablecoins no autorizadas vinculadas al renminbi. Esto sugiere que Beijing quiere que la liquidación digital transfronteriza pase por canales que controla, como mBridge, y no por tokens emitidos de forma privada, incluso cuando socios clave de ese mismo proyecto dan un paso atrás.

Hay varios elementos para seguir de cerca a partir de ahora. Primero, si Tailandia, Hong Kong o los Emiratos Árabes Unidos siguen el camino de Arabia Saudita o, por el contrario, profundizan su compromiso ahora que la plataforma superó la fase de desarrollo liderada por el BIS. Segundo, si SAMA u otros bancos centrales del Golfo impulsan arreglos paralelos —vínculos bilaterales de CBDC u otros pilotos de liquidación— que logren objetivos similares sin la exposición geopolítica de un sistema multilateral anclado en China. Tercero, cómo responden públicamente los reguladores y legisladores estadounidenses, dado que la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad ya dejó constancia de mBridge como un riesgo de evasión de sanciones. Este debate también se conecta con la discusión regulatoria dentro de Estados Unidos, donde el fracaso de la Ley Clarity en el Senado empuja parte de la regulación cripto hacia el extranjero, según advierten críticos. Finalmente, el ritmo al que los bancos centrales en general siguen experimentando con la liquidación tokenizada, una tendencia visible en proyectos que van más allá de mBridge, incluidos los esfuerzos de tokenización de activos documentados en el papel del BCE como operador y comprador dentro de su propio sistema de bonos tokenizados. Nada de esto apunta a una trayectoria única para la infraestructura de CBDC transfronteriza, pero la salida de Arabia Saudita es un dato concreto que muestra que la participación en estos sistemas sigue siendo reversible, condicionada y estrechamente ligada a la geopolítica más amplia de los pagos. Para los mercados de América Latina, donde exchanges y fintechs observan de cerca cualquier movimiento que redibuje los canales de compensación fuera del dólar, el caso saudita es un recordatorio de que ni siquiera los propios diseñadores de estas plataformas dan por sentado su futuro.

Fuente: Cointelegraph

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