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LATAM

México deja el peso fuera de las remesas cripto por la parálisis regulatoria de las stablecoins

Detail view of multiple Mexican 500 Peso banknotes showcasing currency design and value.
Photo: Jorge Romero / Pexels

Han pasado casi ocho años desde que México aprobó una ley que permitiría la existencia de tokens digitales respaldados por el peso, y el Banco de México (Banxico) todavía no ha autorizado ninguno. Ese silencio regulatorio tiene una consecuencia muy concreta: las stablecoins ligadas al dólar, USDC y USDT, siguen dominando el flujo de remesas cripto entre Estados Unidos y México, profundizando la dolarización de un canal de pagos que llega a millones de hogares mexicanos.

La inacción llama la atención porque la puerta legal está abierta desde 2018. La Ley Fintech de México fue uno de los primeros marcos regulatorios integrales de América Latina en abordar los activos digitales, e incluyó disposiciones que permitirían a las autoridades autorizar la emisión de stablecoins atadas al peso. Hasta septiembre de 2026, esa autorización no se ha otorgado, y los bancos comerciales mexicanos tampoco están presionando para conseguirla, según los hechos revisados para este reportaje.

Una ley sin un token que la respalde

La Ley Fintech fue diseñada para dar a los reguladores mexicanos herramientas que les permitieran seguir el ritmo de la innovación financiera sin perder capacidad de supervisión. Las stablecoins, tokens digitales pensados para mantener un valor estable al estar respaldados uno a uno por un activo de reserva, formaban parte de ese conjunto de herramientas previsto. En teoría, una stablecoin denominada en pesos y emitida bajo la supervisión de Banxico podría ofrecer a los usuarios mexicanos el equivalente a un dólar digital, pero en su propia moneda, útil para ahorro, pagos o transferencias.

En la práctica, no existe nada de eso. Banxico no ha dado ningún paso para aprobar un token de este tipo, y falta también la presión que normalmente vendría del sector privado. Los bancos comerciales, los candidatos más naturales para emitir o asociarse en un producto así, no están impulsando ante Banxico esa autorización. Ese vacío ha sido ocupado, en sus propios términos, por alternativas ligadas al dólar que no necesitan el visto bueno regulatorio local, porque ya circulan globalmente sobre blockchains públicas.

USDT y USDC se han convertido en el estándar de facto para las remesas cripto hacia México precisamente porque evitan ese vacío. Ambos tokens están ampliamente disponibles, cuentan con liquidez profunda en exchanges y billeteras, y están atados al dólar estadounidense, lo que da a remitentes y receptores un valor predecible durante la ventana de la transferencia. Para una familia mexicana que recibe dinero de un familiar que trabaja en Estados Unidos, convertir dólares en un token dólar-referenciado y después en pesos es un camino ya muy transitado; convertir esos fondos en un token referenciado al peso y emitido por una entidad regulada mexicana simplemente no es una opción que exista hoy.

Lo que implica el vacío regulatorio para México

El efecto práctico es que el corredor de remesas cripto de México funciona por completo sobre rieles denominados en dólares, aunque el destino final del dinero, y la moneda en la que finalmente se gastará, sea el peso. Esto no es una fatalidad técnica; es consecuencia de una decisión concreta, o de una no decisión, del banco central del país. Otras jurisdicciones han avanzado en direcciones distintas. En Estados Unidos, los reguladores han estado definiendo activamente las reglas que deben cumplir los emisores de stablecoins, incluyendo los requisitos de capital y de plazos de rescate que la Reserva Federal exige a los emisores de estas monedas digitales. Washington, además, ha comenzado a tratar a los tokens atados al dólar como algo más que una herramienta privada de pago, y ya hay funcionarios evaluando si las stablecoins en dólares pueden usarse como un instrumento de política exterior. La inacción de México, en contraste, significa que el país no tiene ninguna palanca comparable sobre los tokens que ya dominan sus propios flujos de remesas.

Esto importa porque la actividad transfronteriza con stablecoins no es un fenómeno marginal. Datos globales han mostrado que los flujos transfronterizos de stablecoins siguen creciendo incluso cuando el resto del mercado cripto se enfría, lo que confirma que estos tokens se han convertido en verdadera infraestructura de pagos y ya no en un fenómeno especulativo secundario. Cuando esa infraestructura funciona por defecto en una moneda extranjera, el país que recibe los fondos tiene menos control sobre las características monetarias de un canal que, cada vez más, sirve a sus propios ciudadanos.

Qué observar de aquí en adelante

Varias señales indicarán si esta dinámica puede cambiar. Primero, si Banxico emite alguna guía pública, consulta o cronograma sobre la autorización de una stablecoin en pesos bajo la Ley Fintech, algo que no ha ocurrido hasta el momento de los hechos revisados aquí. Segundo, si los bancos comerciales mexicanos cambian de postura y comienzan a impulsar un token en pesos regulado, dado que hoy se describe que no lo están haciendo. Tercero, si el enfoque de México se distancia todavía más del de otros países que ya experimentan con infraestructura de activos digitales liderada por la banca, como los sistemas de depósitos tokenizados que recientemente pusieron en marcha los grandes bancos de Canadá, o las transferencias interbancarias de depósitos tokenizados que ya completaron bancos importantes del Reino Unido. Finalmente, el crecimiento continuo de los volúmenes de remesas en USDT y USDC hacia México confirmaría que, en ausencia de acción regulatoria, el mercado seguirá optando por defecto por soluciones denominadas en dólares, sin importar lo que la ley permita en teoría.

Para los millones de hogares latinoamericanos que dependen de remesas cripto, este caso ilustra un patrón regional: la falta de marcos claros no detiene la adopción de stablecoins, simplemente decide en qué moneda terminan circulando. Mientras tanto, episodios como los recientes hackeos que afectaron a exchanges del sector, incluido el que sufrió Bitget, recuerdan que la infraestructura sobre la que corren estos flujos también enfrenta riesgos que los reguladores de la región apenas comienzan a discutir.

Fuente: CriptoNoticias

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